Cómo integrar y elegir las plantas adecuadas en los espacios hoteleros
La presencia de vegetación es indispensable en el proyecto de interiorismo de un hotel y su función va más allá de la meramente decorativa, teniendo también en cuenta la especie, el tamaño y las condiciones del entorno. Las plantas se recomiendan principalmente en los espacios comunes y es fundamental contar con una empresa especializada para que se responsabilice de todo ello.
La vegetación se ha convertido en un recurso esencial dentro del diseño de interiores hotelero con diversas consideraciones a tener en cuenta y que van más allá de su evidente valor decorativo. Entre las más importantes destacan que las plantas ayudan a crear ambientes más acogedores, transmiten sensación de bienestar y fortalecen la conexión de los huéspedes con la naturaleza. Y esto, llevado a la percepción que siente el cliente, se traduce en un mayor confort, una reducción del estrés y una experiencia de estancia más agradable.
Pero también hay que tener presente que incorporar vegetación en un proyecto contract requiere una planificación previa que suele ponerse en manos de empresas especializadas. ¿Por qué? Porque se ha de valorar si las especies serán naturales o artificiales según las necesidades de mantenimiento, las condiciones de luz y humedad o el tránsito de personas. De la misma manera, también es recomendable apostar por especies autóctonas cuando sea posible, ya que se adaptan mejor al clima y refuerzan el vínculo con el entorno. Y finalmente, y no menos importante, cada espacio tiene unas necesidades concretas que condicionan el tamaño, la resistencia y el tipo de planta más adecuado según el espacio del hotel en el que se colocarán.
Zona de estar: crear una primera impresión acogedora con plantas
Los espacios comunes son la carta de presentación del hotel, donde más se valora el efecto bienvenida, y una excelente oportunidad para utilizar vegetación de gran impacto visual. Plantas de porte alto -como ficus, kentias o strelitzias-, ayudan a estructurar el espacio sin necesidad de levantar separaciones físicas, mientras que composiciones con distintas alturas aportan profundidad y dinamismo. En zonas como la recepción o las salas de estar, conviene combinar grandes ejemplares con jardineras de menor tamaño que suavicen la percepción visual y, sobre todo, teniendo en cuenta que son lugares de paso, procurar que no interfieran en el tránsito de las personas.
Salón para el buffet de desayunos: frescura desde primera hora
El comedor donde se sirve el desayuno debe transmitir frescura, limpieza y vitalidad, de ahí que funcionen especialmente bien las plantas de follaje ligero, como helechos, calatheas o monsteras, capaces de aportar ese frescor natural sin convertirse en protagonistas absolutos del espacio, situándolas en ubicaciones estratégicas integradas en el ambiente. La iluminación natural suele favorecer el desarrollo de estas especies, aunque también es importante garantizar una correcta ventilación y elegir plantas que no desprendan aromas intensos que puedan resultar molestos para los huéspedes, porque el objetivo es acompañar la experiencia gastronómica con un ambiente sereno y natural.
Piscina en la azotea: un oasis urbano natural
Las piscinas situadas en los exteriores del hotel necesitan una vegetación capaz de soportar una elevada exposición solar, viento y cambios de temperatura. Palmeras de pequeño porte, olivos, gramíneas ornamentales, agaves o lavandas ofrecen una excelente resistencia y ayudan a construir un ambiente relajado sin requerir un mantenimiento excesivo. Siempre que el diseño lo permita, es interesante agrupar diferentes especies para generar pequeñas islas verdes que aporten privacidad, creando con ellas algún muro separador. Además, la vegetación también permite suavizar la dureza de los pavimentos de estas zonas exteriores y reforzar la sensación de refugio, especialmente en hoteles ubicados en entornos urbanos.
Sobre las mesas del comedor: pequeños detalles con gran efecto
Las mesas del restaurante admiten una vegetación mucho más discreta. En lugar de grandes centros florales, resulta preferible optar por pequeñas composiciones vegetales que no dificulten la conversación ni interfieran con el servicio. Macetas de cerámica con plantas aromáticas, pequeñas suculentas o jarrones con ramas verdes aportan elegancia y naturalidad con un mantenimiento sencillo. Además de reforzar la imagen del restaurante, estos elementos permiten adaptar fácilmente la decoración según la temporada o el estilo gastronómico del establecimiento, manteniendo siempre una estética cuidada y coherente con el conjunto del proyecto.
Jardín vertical en la piscina interior del spa: bienestar inmersivo
Pocas soluciones generan un impacto tan espectacular como un jardín vertical integrado en la zona de aguas de un spa. Además de convertirse en un potente elemento visual, ayuda a crear una atmósfera de relajación donde naturaleza y arquitectura dialogan de forma continua. Para estos espacios húmedos conviene seleccionar especies tropicales adaptadas a ambientes con elevada humedad ambiental, como pothos, philodendron, helechos o diferentes variedades de musgos. Un sistema adecuado de riego e iluminación garantizará su correcto desarrollo, convirtiendo este jardín interior en uno de los principales protagonistas del recorrido sensorial que ofrece el hotel.
Por encima de todo, la naturaleza de la propia vegetación -sea la especie que sea- aporta ese plus de frescura que contrarresta la frialdad de algunos materiales tan habituales de la arquitectura hotelera contemporánea, como la piedra, el vidrio o el metal. Y teniendo en cuenta su proyección como establecimiento público es fundamental que todas las plantas ofrezcan un mantenimiento diario y cuidado en todas los espacios. Cualquier duda o consulta que tengas sobre proyectos hoteleros, contáctanos.